La Fundación CEA y ASITUR, en su deseo y responsabilidad de mejorar la Seguridad Vial, han realizado el estudio "La antigüedad del vehículo como factor de riesgo en la seguridad vial", con el objetivo de conocer qué piensan los conductores sobre la relación entre la edad de su coche y su seguridad, y qué hacen al respecto.

España tiene uno de los parques de vehículos más envejecidos de Europa. Según la DGT, la antigüedad media rondaba los 14,6 años en 2025 y unos 29 millones de los más de 37 millones de vehículos censados superaban los nueve años. Un coche antiguo no es necesariamente un coche inseguro, pero sí es un coche que se fabricó cuando no existían, o no eran obligatorios, buena parte de los sistemas que hoy monta cualquier modelo nuevo.
Hay un dato de la propia DGT que merece atención. En 2024, los turismos en los que viajaban las personas fallecidas eran 1,8 años más antiguos que el conjunto de turismos implicados en siniestros mortales en vías interurbanas, y 3,4 años más antiguos en vías urbanas. No prueba que la antigüedad cause el accidente, pero sí abre una pregunta sobre qué pasa cuando el accidente ya se ha producido.
Para conocer la percepción de los conductores hemos realizado una encuesta online de 22 preguntas en la que han participado 1.046 personas. Estos son los datos más llamativos:
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El 28,45 % de los participantes conduce un vehículo de más de veinte años y el 44,97 % supera los diez.
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A la hora de comprar, el 52,37 % pone el precio por delante de todo. La seguridad solo es el criterio principal para el 12,72 %.
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El 80,71 % reconoce que aprovecha poco o nada los sistemas de ayuda a la conducción que ya lleva su coche.
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Solo el 14,66 % dispone de frenado automático de emergencia y el 11,44 % de detector de ángulo muerto, frente al 97,95 % que tiene ABS.
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Entre quienes tuvieron un accidente, el 35 % cree que la antigüedad agravó las consecuencias, mientras que solo el 9,80 % cree que influyó de forma importante o decisiva en la causa.
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El 75,50 % no piensa cambiar de coche en los próximos dos años. Y de quienes lo adelantarían, solo el 8 % lo haría para mejorar la seguridad: el motivo que más pesa es una avería seria (44,25 %).

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Conclusiones y consejos
El estudio apunta a que la antigüedad influye más en la gravedad de las consecuencias que en la causa del accidente. El coche viejo no provoca el siniestro, pero protege peor cuando ocurre y tiene menos recursos para evitarlo.
También aparece una contradicción que conviene mirar de frente: el 56,76 % dice preocuparse por la seguridad de su vehículo, pero apenas uno de cada ocho la pone por delante del precio cuando toca comprar. La seguridad se reconoce, no se prioriza.
Y hay un segundo problema que la renovación del parque no resuelve por sí sola. Ocho de cada diez conductores apenas usan los asistentes que ya tienen. Comprar tecnología no sirve de mucho si nadie explica para qué vale, cuándo actúa y cuándo no.
Por eso recomendamos revisar los neumáticos, los frenos, la dirección y la suspensión entre ITV y no solo cuando toca la inspección; leer el manual del coche para saber qué asistentes lleva y cómo funcionan; y valorar el equipamiento de seguridad, no solo el precio y la etiqueta ambiental, antes de firmar la compra.

Medidas que Fundación CEA y ASITUR solicitan
Para reducir el riesgo asociado a un parque envejecido, Fundación CEA y ASITUR proponen:
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Incentivar la renovación del parque: que las ayudas públicas prioricen sustituir vehículos muy antiguos por otros claramente más seguros, no solo retirar coches viejos.
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Priorizar los vehículos de seguridad verificada: que los programas de renovación valoren la seguridad activa y pasiva, y no únicamente las emisiones.
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Favorecer el acceso a vehículos de segunda mano seguros: un usado reciente y bien equipado también renueva el parque si sustituye a otro mucho más antiguo.
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Mejorar la información al comprador: datos claros y comparables sobre sistemas ADAS, seguridad estructural, resultados de pruebas de seguridad, mantenimiento e historial del vehículo.
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Reforzar el mantenimiento preventivo: campañas que insistan en el mantenimiento entre inspecciones, con atención a neumáticos, frenos, dirección, suspensión, alumbrado y sistemas de retención.
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Promover revisiones voluntarias adicionales en vehículos de elevada antigüedad, especialmente con kilometraje alto o uso intensivo. No para sustituir la ITV, sino para detectar deterioros antes.
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Formar a los conductores en sistemas ADAS: cómo funcionan, qué limitaciones tienen, cuándo intervienen y cuándo no, y qué alertas significan qué.
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Incorporar la seguridad a las campañas de renovación: explicar que cambiar de coche no es solo tener uno más moderno, sino incorporar tecnología capaz de evitar accidentes o reducir sus consecuencias.
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Desarrollar políticas diferenciadas según el tipo de usuario: no es lo mismo recorrer 3.000 km al año que 30.000. Antigüedad, kilometraje, mantenimiento, uso y equipamiento deben valorarse juntos.
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